viernes, 2 de noviembre de 2007

DEMÉTER (CERES)


Deméter (en griego antiguo Δημήτηρ o Δημητρα, "diosa madre"), Ceres para los
romanos, era en la mitología clásica la diosa de la agricultura, los cereales y las cosechas. Diosa de la vida en el campo, era identificada con la fertilidad de la Tierra, ya que fecundaba los campos y se la venera como la «portadora de las estaciones» , signo de que era adorada mucho antes de la llegada de los Olímpicos.

Se la consideraba hija de Cronos y Gea (de hecho, muchas veces era asociada con Gea y Rea, diosas de la Tierra de la primera generación de dioses preolímpicos)
Solía pasear por la Tierra, cuidando de los campos de cereal, y se la solía representar con una corona de espigas de trigo, y con otros atributos relacionados con la cosecha y la feertilidad de la tierra (flores, frutos, grano...).
En Sicilia era costumbre representarla con un velo negro y cabeza de caballo, posiblemente haciendo referencia al episodio en el cual se unió con Poseidón, dios del mar, transformándose ambos en caballos (de hecho, Deméter aparece también a menudo acompañada de un delfín, eterno compañero de Poseidón).
A pesar del progresivo desarrollo del comercio en el Mediterráneo, éste nunca dejó de tener un marcado componente agrícola, durante toda la Antigüedad, razón por la cuaol Deméter era una de las diosas más importantes, representando una fuerza vital esencial.

No suele aparecer en las múltiples aventuras protagonizadas por el resto de dioses olímpicos y héroes mitológicos (tal vez debido a su origen como diosa "de primera generación"), y sin embargo era una deidad muy popular, especialmente entre las gentes del campo (beneficiarios más directos de su ayuda, y más conservadores a la hora de mantener las viejas costumbres). . Reliquias propias de su culto, como cerdos votivos de arcilla, se fabricaban ya en el Neolítico. En la época romana, aún se sacrificaba una marrana a Ceres cada primavera, para propiciar las buenas cosechas (y porque el animal en ese estado era un riesgo para la cosecha) y cuando había una muerte en la familia, para purificar la casa.

Sin embargo, Deméter toma parte en uno de los mitos más importantes y conocidos, aquél que explica el ciclo de las estaciones, el del rapto de su hija Perséfone, fruto de su unión con Zeus.

Perséfone fue raptada por Hades, dios del inframundo, quien la secuestró mientras recogía flores acompañada de sus ninfas en el monte Etna.
Su madre, con ira y tristeza por la pérdida de su hija, provocó la esterilidad en la tierra y castigó a las ninfas que la acompañaban convirtiéndolas en sirenas por no haber intervenido.
Las cosechas se echaron a perder, el ganado, los animales e incluso los hombres se volvieron estériles, y el mundo sufrió una terrible hambruna.
Tras varios meses buscando a su hija desesperada e infructuosamente, Deméter se sentó en una roca del Ática, donde estuvo llorando durante nueve días seguidos.
Según la leyenda, sobre esta roca se fundó Eleusis, donde se construiría el santuario más importante dedicado a la diosa.
Céleo, rey de Ática, y su esposa Metanira, acudieron a reconfortar a la diosa, a quien tomaron por una pobre loca. Por su amabilidad Deméter los bendijo concediéndoles dos hijos, Demofonte y Triptólemo, a quienes enseñó el arte de la agricultura.
Existen distintas versiones acerca de quién informó a Deméter sobre el paradero de su hija. Según algunas fue la ninfa Aretusa, según otras un pastor que había presenciado el rapto o Febo, el Sol, que todo lo ve; el hecho es que, en cuanto Deméter supo la verdad acudió al Olimpo para exigir a Zeus que interviniese.
Aunque en un primer momento Zeus argumentó que Hades no era un mal marido para Perséfone, la diosa siguió exigiendo el regreso de su hija y Zeus, incapaz de aguantar la agonía de la Tierra, y dándose cuenta de lo insostenible de la situación, quiso obligar a Hades a devolver a Perséfone, enviando a Hermes para rescatarla (en otras versiones, mas tempranas, es Hécate quien acude a rescatar a Perséfone).
Hades la liberó con la condición de que no probase alimento alguno durante todo el viaje de vuelta, pero al mismo tiempo la engañó (en otras versiones Perséfone las come por propia elección, sin engaño alguno de por medio) y logró que se comiese seis semillas de granada, por lo cual debía volver al inframundo durante seis meses al año(en otras versiones las semillas son cuatro, dependiendo de la duración del invierno en el lugar donde se explicase el mito). Otras versiones cuentan que estas semillas le fueron entregadas a Perséfone por Ascáfalo, siervo de Hades, a quien después Deméter transformó en lechuza como castigo (convirtiéndose esta en un animal portador de mala suerte).
Así Deméter debería pasar la mitad del año con su madre, en la tierra, y la otra mitad gobernando el inframundo junto con Hades.
Cuando Deméter y su hija están juntas la tierra es fértil, mientras que los seis meses que pasa Perséfone en el inframundo la Tierra se vuelve estéril y fria.
Fue durante su viaje para rescatar a Perséfone cuando Deméter reveló los Misterios Eleusinos. Perséfone, además de personificar la primavera tuvo también la faceta de diosa del inframundo.

También se cuenta en un mito cómo fue perseguida por Poseidón, convertida en yegua. Ella se resistió , pero no pudo ocultar su origen divino entre los caballos del Rey Oncos.
Poseidón se transformó en semental y la cubrió. Deméter se puso literalmente furiosa (Deméter Erinia) por este asalto, pero lavó su ira en el río Ladón (Deméter Lusia) y dio a Poseidón una hija, cuyo nombre no podía ser pronunciado fuera de los misterios eleusinos, y un corcel de negras crines llamado Arión.

Los misterios de Eleusis

Los misterios de Eleusis eran una serie de ritos dedicados a Deméter (y a su hija Perséfone) en agradecimiento por la fertilidad de la tierra y por haber concedido la agricultura a la humanidad.
Estaban relacionados con la vida terrenal y la vida tras la muerte, tránsito para el cual se preparaba a los iniciados.

Mientras Deméter buscaba a su hija Perséfone, habiendo tomado la forma de una mujer anciana llamada Doso, recibió la hospitalidad bienvenida de Céleo, el rey de Ática, y su mujer Metanira, a los que agradecida, bendijo con dos hijos, Demofonte y Triptolemo.

Deméter planeó convertir a Demofonte en un dios, cubriéndolo y ungiéndolo con ambrosía, respirando suavemente sobre él mientras le sostenía entre sus brazos y su pecho, y haciéndole inmortal quemándolo sobre carbones al rojo vivo en la chimenea del hogar familiar cada noche, a espaldas de sus padres.

Deméter no pudo completar el ritual porque Metanira sorprendió una noche a su hijo en el fuego y chilló asustada, lo que enfureció a Deméter, quien lamentó que los estúpidos mortales no entendiesen el concepto y el ritual.

En lugar de hacer inmortal a Demofonte, Deméter decidió enseñar a Triptólemo el arte de la agricultura y, a través de él, el resto de Grecia aprendió a plantar y segar cultivos. Triptólemo cruzó el país volando en un carro alado mientras Deméter y Perséfone cuidaban de él, ayudándole a completar su misión de educar a Grecia entera en el arte de la agricultura.

Deméter también habría convertido a Triptólemo en el primer iniciado en los Misterios Eleusinos.
Su culto tenía su santurio principal en Eleusis, en el Ática, allí donde había sido hallada por Céleo y Metanira, y en los misterios eleusinos podían iniciarse hombres y mujeres de todas las clases sociales.
Estos misterios pretendían establecer una relación especial con los dioses y un conocimiento previo de la vida en el Más Allá y las personas que participaban en ellos estaban obligadas a guardar secreto acerca de los mismos. Por esa razón poco sabedos de este culto mistérico, aunque sí es seguro que existía un fuerte componente agrícola y sexual, además de una serie de misterios que permitían a los iniciados ciertos conocimientos sobre la vida después de la muerte.
Una vez al año se celebrarban las Grandes Eleusinas, donde se iniciaban los nuevos candidatos y participaban todos los iniciados al culto.